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No tengas miedo a pararte de la mesa

Mi papá tiene una frase que repite todo el tiempo: no tengas miedo a pararte de la mesa. La mesa a la que mi papá se refiere, es una mesa de negociación hipotética en la que te proponen un negocio que no te conviene. Esto fue exactamente lo que pensé cuando me preguntaron:

¿Está mal decirle que no a un cliente, está mal rechazar un trabajo? Me hicieron esta pregunta y la respuesta corta es no, no hay nada malo con rechazar un trabajo.

Muchas personas tienen la idea de que hay que “agarrar lo que salga” para no perder ningún cliente; para no desaprovechar ninguna oportunidad. Cuando estás sentado en la mesa de negociación, terminas aceptando condiciones desfavorables y haciendo ofertas demasiado generosas solo por no perder el cliente, por no decirle que no.

Surge el miedo a no tener más clientes, pensamos que no va a salir más nada y que hay que agarrar lo que salga. El miedo, sin identificarlo y trabajarlo, nos lleva a tomar muy malas decisiones.

Estas son algunas razones perfectamente razonables para rechazar un trabajo:

  • Va en contra de tus principios. Si el proyecto atenta contra la salud, contra el ambiente o promueve prácticas con las que estás en franco desacuerdo, no lo tomes. Tú decides a donde dibujas tu raya.
  • Está fuera de tu oferta de servicios. Si lo solicitado está fuera de tu área de expertise o simplemente, basado en tu experiencia, has decidido que no prestarás ese servicio, no dudes en referir a un colega.
  • El tiempo de entrega no es razonable. Si tu carga de trabajo no te permite entregar en un tiempo razonable o el cliente no está dispuesto a esperar, es mejor ser responsable y no tomar el trabajo.
  • No es rentable. A menos que decidas realizar trabajo pro bono para apoyar una causa, no tienes porque tomar un negocio que no sea rentable. Para poder evaluar tu rentabilidad debes tener tus costos claros, considerando materiales y todas las actividades que deban ejecutarse para proveer el producto o servicio solicitado.

Si bien todas éstas son razones válidas, recuerda que nada es perfecto. Antes de pararte de la mesa intenta negociar tu precio, la fecha de inicio, el plazo de entrega y sé flexible con las tareas que pueden ayudarte a sobrevivir a corto plazo.

Recuerda, además, que hay una cantidad limitada de clientes que puedes atender al mismo tiempo, así que sé muy honesto contigo mismo y no tengas miedo a pararte de la mesa.